Nadie me advirtió que la lluvia aviva la nostalgia que los recuerdos corren con el agua que no se quedan estancados en charcas que no se convierten en exsurgencias descontaminadas. ¿Cuánto hay que esperar? Estoy aquí, perpleja, viendo por la ventana detallando cada gota de esta lluvia que se estremece silenciosa y me digo a mi misma: ¡Ya no está! Te he perdido tantas veces que inevitable es el recuerdo Y te digo uno no mira solo con los ojos. Nadie me advirtió de los efectos secundarios que de vez en cuando mi alma se marchita que de vez en cuando se deshacen lagrimitas que de vez en cuando siento angustia. ¡Si yo hubiera sabido! No, no hubiera sostenido tu mano esa que ya no guarda mi nombre. Y si yo hubiera sabido de tu olvido habría sido más prudente en el verbo a-mar. Has dejado tu nombre en el mar. Pero... se me ocurre que un día el eco terminará, los truenos cesaran, y los efectos secundarios claudicaran. Me va tomar algunos días pero sabré olvidar.