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Mostrando entradas de septiembre, 2021

Él es el río

  A mi padre.     Él se arrojó al vacío, sin saber que se sumergiría en las profundidades de su silencio. Esa voz le era tan familiar o tal vez era la voz de un sueño que no supo interpretar y que lo acompañó en el paso del tiempo.     ¿Dónde está el Rey? ¡Sí! Siempre hay un rey con ondulantes vestidos blancos y un rostro. ¡Oh, Dios! ¡Su rostro! El Rey es un río, él es un río, repleto de lágrimas de amor, extrañeza y abandono.   Hace mucho hubo un Rey; su nombre era Miguel. Era el hombre más radiante de todos los imperios del mundo; el engaño de una mujer le arrebató a su princesa.   Él se arrojó hacía su muerte, en el río del que tú hablaste en mi lengua materna, se le llama: Río Nostalgia .  

El último roce

 La simplicidad del caos como el último roce que nadie desea fui, y o la miga de la mesa donde se postraron miles de reyes, f ui,  yo, e l siervo /ese último roce que nadie desea/ o tal vez la sobra del vacío el vacío existencial junto con la simplicidad de salir a divagar dentro de la mente y siempre vivir /afuera/ ser un nómada pensante como:  p oseer un concepto del aquí y ahora para desvestir el atributo menos elogiado -el dolor- que siempre está ahí y es la elección del alma para aceptarlo; hacerlo propio ¡sí! aunque pueda parecer fugaz como el amor resentido ese que vuelve ingrato de ternura al ser y a la vez sustrae el bagaje que lleva lo único que tenemos por cargar en este viaje de vida (eso mismo)  el último roce que nadie desea...

No es amor

  No es amor el amor que, al percibir un cambio, cambia o que obliga al distanciado a distanciarse. - Shakespeare Hay quienes avanzan con un ritmo voraz, hay quienes se detienen en el pantano; hay quienes suman a la vida cantos de alegría otros que restan días, meses, años y vida.   No es amor sentir angustia por encontrar la verdad, ni es desamor no darse a toda intimidad; a veces la incertidumbre lleva a buscar la distancia, sin quererse distanciar.   Abandonar en tiempo de tempestad, es como apuñalar una herida que sangra. En definitiva, no es amor que, con bajeza, toquen a tu puerta con una mirada egocéntrica.