El último roce

 La simplicidad del caos como el último roce que nadie desea
fui, yo
la miga de la mesa donde se postraron miles de reyes, fui, yo, el siervo
/ese último roce que nadie desea/ o tal vez la sobra del vacío
el vacío existencial junto con la simplicidad de salir a divagar dentro de la mente y siempre vivir /afuera/
ser un nómada pensante
como: poseer un concepto del aquí y ahora para desvestir el atributo menos elogiado
-el dolor-
que siempre está ahí
y es la elección del alma para aceptarlo;
hacerlo propio
¡sí! aunque pueda parecer fugaz
como el amor resentido
ese que vuelve ingrato de ternura al ser y a la vez sustrae el bagaje que lleva lo único que tenemos por cargar en este viaje de vida
(eso mismo) 
el último roce que nadie desea...

Comentarios

  1. Cuando el destinó trajo consigo la sonrisa que se escapó de ese fatídico pero fantasioso camino.
    Pude comprender que el dolor no puede ser eterno.

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