La extensión del silencio

La pastelería La Florida se había convertido en mi refugio de sollozos. El ruido, los olores, lo cotidiano, lo indeleble, la luz que entra por un rincón. Solía estar de cuerpo presente observando detenidamente la extensión del silencio; la cafetera, los mudos retratos sin aroma y sin aire. Así ven el mundo los que han sido malqueridos.           

Un día, cruzaste la puerta, ví tu rostro y pensé: dos almas rotas, y, entendí que todas las perdidas duelen. Cada quien despide a su manera lo que fueron sus plurales; los amores, las conversaciones, los cafés, las amistades y los dolores. Llueve y hace frío.

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