Espesa lealtad

       Las cosas nunca iban bien.
Siempre me veía de reojo con sus manos gratas y poros resentidos por el trabajo,
toda nuestra estirpe fue tan simple como mirar hacia el reloj y tan compleja como sentir el tiempo llevarse lo único que eres,
como caminar descalzo en el fango de la muerte; pero, sin mirar el fondo del mismo, a ti.
Siempre supe que éramos /polvo/.

Sucesivamente las cosas nunca iban bien, de nuevo lo hizo
¡sí!
de nuevo se postró ante mis ojos con su llama quebrantada.
Su ley siempre le salía de lo más fácil, llegar, caminar conmigo, sollozar,
ella era todo un animal con su espesa lealtad, pero arruinó mi vida,
tal vez nunca supo que yo sabía lo que había olvidado... Las cosas nunca iban bien,
sin embargo; alcé las manos y dejé que me asesinara en una noche, en todo un alba.

Todos los días moría,
un día era una sustracción de sosiego
así, pues
nunca me sentí con esperanza total
mi esposa me mató con su compañía.
Para mí siempre quedará la evidencia de que con ella las cosas nunca iban bien.

(la ansiedad me pinta los colores con un efecto a blanco y negro).



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