Quizá sea cierto alinear los miedos junto con la cordura quizá sea cierto que el letargo sustrae miles de mentes en funcionamiento y que la soledad no es estar solo quizá sea cierto que urgir de algo antes de auto cuestionarse acerca de si se necesita o se quiere resulta por servir quizá sea cierto que se puede ser “rico” creando más o necesitando menos. Quizá las posiciones más complejas por las cuales el ser humano se afecta no son en el fondo las necesidades primarias, sino, las banalidades. Quizá vivir y no tener la perspectiva de que algo te llena la felicidad es erróneo, quizá el afán de ser feliz con recompensas efímeras se roba la esencia de carencia que hace disfrutar eso que no está, pero que a lo sumo ni hace falta.
mi propia Mercedes… Ella baila, baila y baila se sube al escenario y canta, Danza sus sueños entre lo irracional y real es una surrealista sin dudar. Ella me enseñó que a la vida no hay que temerle, Sino que a ésta hay que ponérsele al frente. Ella camina, camina y camina buscando lugares, Pero es conmigo con quien más placido se le hace. Ella se sienta conmigo en los parques para hablar de Márquez Y porque no también de Schopenhauer. Ella tiene la gracia de cualquier princesa, Pues se expresa como una de ellas. Ella es poliglota, mi niña afrancesada Y por qué no decirlo toda una Americana. Ella es muy ilustre, pues sabe de medicina Y hasta como armar una buena comida. Ella conversa, conversa y conversa Siendo así toda una maestra. Ella me sostiene, me exhorta y me quiere Siendo muy humilde aunque todo lo tiene. Ella es mi Mercedes Y mi cómplice si se puede…
La simplicidad del caos como el último roce que nadie desea fui, y o la miga de la mesa donde se postraron miles de reyes, f ui, yo, e l siervo /ese último roce que nadie desea/ o tal vez la sobra del vacío el vacío existencial junto con la simplicidad de salir a divagar dentro de la mente y siempre vivir /afuera/ ser un nómada pensante como: p oseer un concepto del aquí y ahora para desvestir el atributo menos elogiado -el dolor- que siempre está ahí y es la elección del alma para aceptarlo; hacerlo propio ¡sí! aunque pueda parecer fugaz como el amor resentido ese que vuelve ingrato de ternura al ser y a la vez sustrae el bagaje que lleva lo único que tenemos por cargar en este viaje de vida (eso mismo) el último roce que nadie desea...
Cuando me hablaste de una sola pieza, cuando el postre deleitó la valla y yo subí por la huida, cuando me diste la cuna y yo el sol, en ese momento acaricié las grandes aguas empinadas, y tú…tú con sed. Cuando dejé de ser poeta, cual epístola me mató, decidí narrar acerca de ti nuevamente mientras depositaba antojos al llorar, en un final de aliento afirmé no escribirte más, sino, dedicarme a leer, a leerte. Fuimos todo el juego completo, el problema era la pieza, tú, esa pequeña partícula, esa partícula de seda cuando medía tallas; y fenecí de nuevo… injustamente fui tú árbol y por un instante amaste la deforestación.
¿Por qué te has marchado de casa aún con tu cuerpo casi muerto? has cambiado bastante pero en tus ojos retratados alumbra la sensibilidad, todavía está tu pupila golpeada por la dura vida. Todo ha sido menos, de menos a casi menos, sin embargo la enseñanza me alumbrará tu dulce idioma de la indiferencia, consecuente a ello mi gratitud estará impregnada junto a tus vivencias, no pasa nada . No, realmente sí pasa algo, nuestra despedida nunca fue , sigue aquí, en los silencios de este cuarto que poseen tu presencia, esta despedida sigue aquí como un corazón frágil que siempre solloza, como un corazón débil de amor, débil para amar; fuerte como el arte . En el fondo, hay dos sólidos pasos que me anclan a un visceral recuerdo, un recuerdo madre, este, todos los días pasa y me visita pero nunca encuentro el coraje...
Recopilé todos los sonetos de lluvia y escasez; miré hacia el espejo, en mí dos tercetos. Mi esposa, la poesía, me escupía llantos como el querer escribir, decidí dejar de relatar en verso libre, para convertirme en prosa invisible; visible para mí y para quienes entienden esto, que el escribir va más allá de una tristeza acompañada en paños de rosas, el plasmar en letras es dejar la vida junto con soledad en cada prosa...
A mi padre. Él se arrojó al vacío, sin saber que se sumergiría en las profundidades de su silencio. Esa voz le era tan familiar o tal vez era la voz de un sueño que no supo interpretar y que lo acompañó en el paso del tiempo. ¿Dónde está el Rey? ¡Sí! Siempre hay un rey con ondulantes vestidos blancos y un rostro. ¡Oh, Dios! ¡Su rostro! El Rey es un río, él es un río, repleto de lágrimas de amor, extrañeza y abandono. Hace mucho hubo un Rey; su nombre era Miguel. Era el hombre más radiante de todos los imperios del mundo; el engaño de una mujer le arrebató a su princesa. Él se arrojó hacía su muerte, en el río del que tú hablaste en mi lengua materna, se le llama: Río Nostalgia .
La pastelería La Florida se había convertido en mi refugio de sollozos. El ruido, los olores, lo cotidiano, lo indeleble, la luz que entra por un rincón. Solía estar de cuerpo presente observando detenidamente la extensión del silencio; la cafetera, los mudos retratos sin aroma y sin aire. Así ven el mundo los que han sido malqueridos. Un día, cruzaste la puerta, ví tu rostro y pensé: dos almas rotas, y, entendí que todas las perdidas duelen. Cada quien despide a su manera lo que fueron sus plurales; los amores, las conversaciones, los cafés, las amistades y los dolores. Llueve y hace frío.
No es amor el amor que, al percibir un cambio, cambia o que obliga al distanciado a distanciarse. - Shakespeare Hay quienes avanzan con un ritmo voraz, hay quienes se detienen en el pantano; hay quienes suman a la vida cantos de alegría otros que restan días, meses, años y vida. No es amor sentir angustia por encontrar la verdad, ni es desamor no darse a toda intimidad; a veces la incertidumbre lleva a buscar la distancia, sin quererse distanciar. Abandonar en tiempo de tempestad, es como apuñalar una herida que sangra. En definitiva, no es amor que, con bajeza, toquen a tu puerta con una mirada egocéntrica.
Hay despedidas silenciosas y taciturnas, otras escandalosas y bulliciosas, otras lascivas y destructivas, otras que agitan el cuerpo y la mente, otras que se humedecen con agua salada, otras que se niegan a ejecutarse, y las más bellas de todas, las que están llenas de memoria. Mi despedida contiene un poco de todas. soltar la mano, decir adiós. no sé si duele más despedirse de quien se va por un momento o de quien ya se ha ido para siempre.
Indescriptible
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