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Mostrando entradas de junio, 2021

A mi raíz

      La madrugada de tu aurora se asoma un pirómano y un cauce un viento enfermizo de mano con la cizaña juntos van de aquí para allá, como las raíces aquí soy un gen invariable. Por ello, no me fugues a los poderes de tu carácter aunque solloza me paso la muerte paulatinamente por los dedos; por los renglones. Considerarme hija de tu álveo y crecer como el Samán (que paisaje tan nublado) volar como tu fauna -llorar como tu flora-.

Autenticidad

No es apto recuperar un desafío mal dado, mal descrito y con una nefasta analogía, lo que mal se percibe mal se almacena temporalmente en sí mismo. Por eso, es mejor ser ligero y sentirlo real desde ahí desde la esencia del ser y corazón, con ello es suficiente para aprender del desafío sin necesidad de ganar; ganar es para todos y unos pocos … aprender es ganar aun sabiendo que la derrota es también un /triunfo/.
   El hombre del lado está huérfano de visón ¡pobre de él! vive la vida con fuerte lamento acechante lleno de orgullo su jardín siempre está marchito él nunca riega más allá de la cerca, en cambio, yo, cruzo los alambres y siempre encuentro dos brazos fraternales.                                    Dos lindas flores.

Homónimas heridas

  Tomé al orgullo por mis manos, lo traje a casa y no hablé con él, de nuevo lo tomé por mis manos y nos quedamos toda la noche en silencio. Tomé al orgullo por mis manos como homónimas palabras, luego, abrí un álbum de viejos recuerdos -sollozó-, sollozamos. Tal parecía que guardábamos perplejas utopías tal parecía que nos distinguíamos antes de cruzar la calle, pero, siempre fue él quien me tomó por sus manos y me replicaba -no te conozco-.

Ya no

       Ya no hay cupo para las dudas ya no queda espacio para ti, he nacido en el mismo suburbio donde quedé en abandono, ya no me escondo en mis raíces, ahora, me multiplico. Ya no me calmo con el mismo masoquismo ya no me odio ya no te odio ya no hay lunes largos ni sonrisas enfermizas ya no me cohíbo, ya no te tatúas como un delirio triste fugado en mi cuerpo. Ya no te deduzco, te conozco; por ahora, no deseo más. Ya no me administras los miedos donde mis verdades fueron subestimadas, puesto que al final siempre existió un nudo flojo que sostenía esta aplacada historia. Ya no cierro estas dudas ya no muero, ya entendí ese pequeño fragmento que no me dejaba pasar de página, ¡ya terminé el libro!
-Tu lealtad brilló sí brilló sin duda alguna por su ausencia. -Ayer fuiste el odio hoy eres el odio mañana serás el odio, toda la vida serás también el amor...

Lucro

De entrada, sitúo a la lealtad para que llore, al rato, percibo que no es quien se reta a ser. Hablo con ella y me recita que las promesas le parecen de mal gusto, asiento y me hago a un lado. Su visita es y será el mejor regalo de bienvenida, pero, recogeré mi bagaje así no me haya instalado. Vaya forma original de escupirme en la memoria que no todos resuenan bajo la lluvia; unos recogen el agua y hacen con ello miles de charcos, mientras que yo… bueno, yo soy constante con llenar el pozo.

Símil

  Tú te planteas como un problema entre miles de días sin pista como una parábola en la distancia que no se alcanza sin manos sin brazos atada a volar como un símil entre hallar la respuesta o ser la duda para finalmente reprobar.                                          Siempre.

A tus manos

      A tus ofrendas a tus manos llenas de orgullo, mismas que cuentan miles y miles de aberturas tales como equivocarse y volverse a equivocar porque de eso se trata, tenerlas ahí no es tenerlas; es hacerlas una sola. A tus manos que desvisten lo banal a ellas les atributo el hábito de ser feliz por un concepto más allá, dopamina, suplente de viscerales vacíos. Sé que son dos balas que nunca disparan porque poseen pánico de atacar cuando desean ser mortales de sosiego. A tus manos que no compiten en roces carnales cualquier persona muere en la disputa.

Pudrición

Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición. Ésa es también mi ventaja. – Juan Rulfo Putrefactos están los pechos de quienes laceran, aquellos fatuos que emanan blasfemias; músculos que palpitan por necesidad, pero sin vitalidad.   Putrefactos son los corazones revenidos que se jactan de moralismos, de filosofías del “otro” -de los “otros”- que solo se las creen así mismos. Sus bajas temperaturas les permiten ser aves rapaces; a la hora de  e-x-t-e-r-m-i-n-a-r.   Putrefactos están aquellos que con utilitarismos nos convencen de la rendición. No pueden fracturar nuestra indeleble dignidad; manipularnos con hambre, cristalizar nuestros ojos.   Pudrición hay en las lenguas mezquinas, en las lenguas silentes de "normalidad". Lenguas bípedas que narran desde la apatía; ¡Cuándo veneno corre en su saliva!   El amor no se pudre; el amor es el otro. Porque mi patria soy yo; ...