Pudrición

Tengo mi corazón que resbala y da vueltas en su propia sangre, y el tuyo está desbaratado, revenido y lleno de pudrición. Ésa es también mi ventaja.

– Juan Rulfo


Putrefactos están los pechos de quienes laceran,

aquellos fatuos que emanan blasfemias;

músculos que palpitan por necesidad,

pero sin vitalidad.

 

Putrefactos son los corazones revenidos que se jactan de moralismos,

de filosofías del “otro” -de los “otros”- que solo se las creen así mismos.

Sus bajas temperaturas les permiten ser aves rapaces;

a la hora de  e-x-t-e-r-m-i-n-a-r.

 

Putrefactos están aquellos que con utilitarismos

nos convencen de la rendición.

No pueden fracturar nuestra indeleble dignidad;

manipularnos con hambre,

cristalizar nuestros ojos.

 

Pudrición hay en las lenguas mezquinas,

en las lenguas silentes de "normalidad".

Lenguas bípedas que narran desde la apatía;

¡Cuándo veneno corre en su saliva!

 

El amor no se pudre;

el amor es el otro.

Porque mi patria soy yo;

en mi palpita una nación. 




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