El hombre del lado está huérfano de visón
¡pobre de él!
vive la vida con fuerte lamento acechante lleno de orgullo
su jardín siempre está marchito
él nunca riega más allá de la cerca,
en cambio, yo, cruzo los alambres y siempre encuentro
dos brazos fraternales.
Dos lindas flores.
El último roce
La simplicidad del caos como el último roce que nadie desea fui, y o la miga de la mesa donde se postraron miles de reyes, f ui, yo, e l siervo /ese último roce que nadie desea/ o tal vez la sobra del vacío el vacío existencial junto con la simplicidad de salir a divagar dentro de la mente y siempre vivir /afuera/ ser un nómada pensante como: p oseer un concepto del aquí y ahora para desvestir el atributo menos elogiado -el dolor- que siempre está ahí y es la elección del alma para aceptarlo; hacerlo propio ¡sí! aunque pueda parecer fugaz como el amor resentido ese que vuelve ingrato de ternura al ser y a la vez sustrae el bagaje que lleva lo único que tenemos por cargar en este viaje de vida (eso mismo) el último roce que nadie desea...
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