Homónimas heridas

 Tomé al orgullo por mis manos,
lo traje a casa y no hablé con él,
de nuevo lo tomé por mis manos y
nos quedamos toda la noche en silencio.
Tomé al orgullo por mis manos como homónimas palabras,
luego,
abrí un álbum de viejos recuerdos
-sollozó-, sollozamos.

Tal parecía que guardábamos perplejas utopías
tal parecía que nos distinguíamos antes de cruzar la calle,
pero, siempre fue él quien me tomó por sus manos y me replicaba
-no te conozco-.

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